RODANDO POR LOS JARDINES. Capítulo III. La abuela tiene una visa oro.

abuela

Estamos en la entrada de Notting Hill gate pero no vemos a Inés. La recepción es enorme y está llena de gente  que corre de un lado a otro. La buscamos durante un buen rato.
– ¡Qué morro tiene esta niña! -exclama Mónica.
– Cállate -ordeno-, seguro que ha tenido algún percance.
Mónica rezonga algo relacionado con que siempre defiendo a Inés. Mi madre nos contempla apurada por nuestra forma de hablar. Ella que nunca, nunca, lleva la contraria.

Mientras esperamos, mi hija dice que tiene que enviar un mensaje a su padre. Avisarle de que hemos llegado a Londres sin novedad.
– Insistió mucho -comenta.
¿A qué se debe tanta prisa?, me pregunto.
Recibe de inmediato respuesta. Lee con rapidez.
– Papá os manda recuerdos. Está en Marbella. -Percibo cierta afrenta en la inflexión.
Imagino a mi ex marido entre fiestas y aperitivos, mientras luce novia esbelta y se aferra con los dientes a una segunda juventud.

Llamo al móvil de Inés. El bullicio es tan intenso que me cuesta entenderla. Pego el teléfono a mi oído. Dice que no ha podido acudir a buscarnos porque cuando la llamamos desde el aeropuerto se acababa de despertar y no ha tenido tiempo para arreglarse. Mejor que cojamos un taxi. Nos envía un mensaje con la dirección del hotel que está a cinco minutos de su residencia de estudiantes. Dice que se lo demos a leer al   taxista, que luego no diga que no nos ha entendido porque pronunciamos mal. Ella ya sale por puerta. Ah, nos quiere mucho y se muere por vernos.
– Han cortado la línea que tenía que coger para llegar hasta aquí -miento.
Mi madre suspira aliviada y Mónica me mira con incredulidad. Son las dos del mediodía y pienso, indignada, que a mi hija no le ha dado tiempo de llegar.

No sé si el taxista nos ha tomado el pelo, pero llevamos veinte minutos de recorrido y no acabo de ubicarme.  Transitamos por calles pequeñas de casas bajas con verjas en las entradas. Londres está como siempre, limpio, asequible y ordenado. Mi madre ha preguntado varias veces por qué no todos los “Black cabs” son negros. Ha enumerado uno a uno el color de cada taxi que se ha cruzado en nuestro camino.  Este es verde, este rosa, este amarillo, este sí, este es negro, como debe ser. Le explico que antes los taxis eran negros, de ahí su nombre, pero que ahora algunos taxistas los pintan como les apetece. Llegamos al centro, rodeamos Regent Park, que dejamos a la derecha, y bajamos por  Great Porland Street hasta llegar a la zona superior de Regen Street, donde el taxi se detiene frente al George, nuestro hotel.

Inés aparece, de repente, por la puerta del “Starbucks” de al lado. Abre sus brazos hacia nosotras. Cuenta que estaba tomando un café mientras nos esperaba. Nos abraza. Hablamos muy deprisa y decimos muchas cosas. Inés está guapa, muy guapa. Su pelo oscurísimo cae liso sobre su espalda. Se ha cortado un  flequillo muy extremado, justo al límite de los ojos, que se le ven muy verdes sobre esa piel tan clara, casi transparente. Tiene un aire a Carla Bruni. Se lo decimos. Ella se esponja e intenta encontrar su reflejo en la cristalera de la entrada. Me tranquiliza su aspecto. En pocos meses parece que se ha sofisticado. Ha cambiado sus enormes bambas “Converse” de suelas de goma por botas altas y  sus piernas largas, enfundadas en medias gruesas de leopardo, aparecen torneadas bajo una minifalda, demasiado corta según  mi madre, que en nada recuerda a los pantalones de chándal que tanto le gustaban. Nos enseña sus nuevas adquisiciones: un bolso de bandolera y una bufanda de lana inglesa. Me pregunto con qué dinero lo habrá comprado. Nos explica que ha elegido este hotel porque está cerca de su residencia, no es lujoso, dice, pero sí correcto. Hoy comerá con nosotras.
– Mañana ya veremos -dice- depende del plan.

Nos damos un cuarto de hora para volvernos a reunir. Yo comparto habitación con Mónica. Mi madre dormirá sola. Mientras me lavo las manos, Mónica susurra a Inés, con una modulación sentenciosa que suena a asunto importante, que la abuela dispone de una visa oro que le ha consignado el abuelo para que les compre lo que quieran. Les advierto, desde el baño,  que no abusen. No me responden, continúan como si oyeran llover.

Oigo decir a Inés que Candem está lleno de abrigos de pelos.

Anuncio publicitario

Acerca de Aurora Villalba

Nacida en Barcelona en 1961, es licenciada en Psicología Clínica por la Universidad de Barcelona. Se especializa en la aplicación de técnicas cognitivo-conductuales en la Unidad de Terapia de Conducta de la UB. Participa en la elaboración de algunas tesis relacionadas con la aplicación de dichas técnicas a grandes obesos y al miedo de hablar en público. Publica varios artículos sobre trastornos de alimentación en revistas de psicología: Ansiedad y obesidad, Bulimia, una enfermedad de hoy. Durante toda su vida procura dar espacio a sus dos grandes pasiones: baile y literatura. Se forma en las disciplinas de jazz, danza española y ballet clásico en la Escuela de Danza Coco Comin. Aunque su afición por la escritura se remite a la adolescencia, es a partir del 2008 cuando empieza a dedicarse plenamente a ella. Tras estudiar diversos cursos de narrativa, cuento y novela en el Ateneu Barcelonès, escribe su primer relato, "Rodando por los jardines", con el que obtiene el segundo premio de “Relatos de Mujeres 2012”. Con su segundo cuento, "El viaje" (editorial Círculo Rojo, 2014), gana el primer premio “Palabra sobre palabra” y su libro de cuentos "Esa vida que pesa" es galardonado con el primer premio del XXXV certamen literario Carta Puebla 2013. Sus primeras obras son cuentos adscritos al género de narrativa de ficción contemporánea. De un realismo muy intimista, sus historias hablan sobre personajes que luchan por amar, avanzar y sobrellevar sus destinos. Actualmente, está trabajando en su primera novela.
Esta entrada fue publicada en Relatos, Rodando por los jardines. Guarda el enlace permanente.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s