A un año del gran confinamiento

El próximo domingo hará un año que se decretó estado de alarma y se confinó nuestro país. La crisis del coronavirus ya sobrevolaba sobre nuestras cabezas, pero yo, y supongo que muchos, solo fui consciente de las dimensiones del problema en ese momento. No obstante, ni entonces tuve plena conciencia de lo que aquello suponía.

Quién iba a decirnos que tras noventa y nueve días de reclusión domiciliaria y un par de meses de desescalada, no habríamos conseguido más que suavizar temporalmente la trepidante evolución de la pandemia ni que sufriríamos graves rebrotes por el hecho de haber relajado ligeramente nuestros miedos.

Para nada imaginábamos que pasaríamos un largo año contemplando, impotentes, como se arruinaban los negocios y se socavaba la cultura, las ilusiones y nuestro temple. Imposible anticipar que las colas del hambre se multiplicarían, que sufriríamos el dolor de la distancia y la angustia de la muerte en soledad y que cada vez más empequeñecidos perderíamos hasta la capacidad de reaccionar.

Sin embargo, no podemos negar que hemos aprendido bastante de realidad, urbanismo y solidaridad. También a vivir sobre la cuerda floja sin sucumbir excesivamente a la desazón, a sabernos pequeños, pero resistentes, a tener confianza en el futuro y sobre todo a esperar.

Esperar sin tener demasiadas certezas es un soberbio ejercicio de adaptación, fortaleza y humildad. Ojalá esa pequeña luz que se atisba al fondo del túnel sea nuestra recompensa.

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Acerca de Aurora Villalba

Nacida en Barcelona en 1961, es licenciada en Psicología Clínica por la Universidad de Barcelona. Se especializa en la aplicación de técnicas cognitivo-conductuales en la Unidad de Terapia de Conducta de la UB. Participa en la elaboración de algunas tesis relacionadas con la aplicación de dichas técnicas a grandes obesos y al miedo de hablar en público. Publica varios artículos sobre trastornos de alimentación en revistas de psicología: Ansiedad y obesidad, Bulimia, una enfermedad de hoy. Durante toda su vida procura dar espacio a sus dos grandes pasiones: baile y literatura. Se forma en las disciplinas de jazz, danza española y ballet clásico en la Escuela de Danza Coco Comin. Aunque su afición por la escritura se remite a la adolescencia, es a partir del 2008 cuando empieza a dedicarse plenamente a ella. Tras estudiar diversos cursos de narrativa, cuento y novela en el Ateneu Barcelonès, escribe su primer relato, "Rodando por los jardines", con el que obtiene el segundo premio de “Relatos de Mujeres 2012”. Con su segundo cuento, "El viaje" (editorial Círculo Rojo, 2014), gana el primer premio “Palabra sobre palabra” y su libro de cuentos "Esa vida que pesa" es galardonado con el primer premio del XXXV certamen literario Carta Puebla 2013. Sus primeras obras son cuentos adscritos al género de narrativa de ficción contemporánea. De un realismo muy intimista, sus historias hablan sobre personajes que luchan por amar, avanzar y sobrellevar sus destinos. Actualmente, está trabajando en su primera novela.
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