Del cuento a la novela

La aventura de iniciar mi primera novela, “La Voz de los Retratos”,  nació de la necesidad de dar grosor a unos personajes que el cuento, por sus dimensiones, me impedía. En aquella época, cada vez que terminaba un relato me sentía un poco cicatera con ellos, como si les escatimara algo y no les hubiera dedicado toda la atención que merecían. Sabía de su realidad mucho más de lo que explicaba ―carácter, historia, lo que les había llevado a tomar tal o cual actitud― y me sentía en deuda. Era duro descubrir que cuando empezaba amarlos, la historia debía terminar, y mientras se iban alejando, cuando todavía los llevaba dentro de mí, me veía obligada crear otro personaje para inventar una nueva historia. No había otra opción; eran las normas del cuento.

“La Voz de los Retratos” me ha regalado el placer de la profundidad. Ahondar en el alma de los personajes, desvelar sus sueños y fantasías, aquellas que se esconden tras las acciones, descubrir sus fisuras, contradicciones y miedos, hacerlos míos y sentir que cada día me esperaban pacientes tras la pantalla del ordenador para que les insuflara vida era justo lo que precisaba.

Durante el tiempo que duró la elaboración de la novela, desde que identifiqué la idea primigenia hasta la corrección de la última frase, disfruté construyendo espacios que les diera felicidad, inventé comentarios para poner en sus bocas, ideé situaciones dónde mostrar los recelos, sufrí con sus conflictos y me alivié cuando encontraban solución, hasta que ellos mismos tomaron la batuta de sus vidas. Los amé con el sosiego de las madres y el ardor de la creación, incluso sentí que lo único que me movía era ese pequeño entorno que había inventado para ellos.

A veces, como todo hijo mimado, se hicieron un poco insidiosos, y se me presentaban en cualquier hora y situación reclamándome atención. Daba igual lo que se tratara, ―un gesto, un paisaje, un espacio, una conversación―, cada cosa que veía, escuchaba, olía, sentía o paladeaba me recordaba que me faltaba cerrar un capítulo, que todavía no había encontrado la palabra adecuada para una frase, que ese paisaje era perfecto para ubicar el clímax o que aquel modo de expresar un sentimiento me iría de perlas para un dialogo. En más de una ocasión me costó compatibilizar mi vida personal con la ficción, pero no tardé en descubrir que con orden y firmeza el animal más fiero acaba convertido en cachorro.

Ahora, que he dejado de temer a la página en blanco, al bloqueo de creación, a las correcciones interminables y a no disponer de tiempo que robarle a mi tiempo; ahora que he descubierto que con concentración, trabajo y voluntad se alcanzan las cumbres más altas y sé a mis personajes silenciosos y expectantes entre las tapas alegres y vistosas de un volumen, a la espera que un lector ojeé un día sus páginas para despertarles de su letargo; ahora que la novela ha adquirido la textura y olor del papel puedo afirmar, mientras la acaricio, que en la balanza de las emociones no hay lastre que desequilibre mi satisfacción.

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Acerca de Aurora Villalba

Nacida en Barcelona en 1961, es licenciada en Psicología Clínica por la Universidad de Barcelona. Se especializa en la aplicación de técnicas cognitivo-conductuales en la Unidad de Terapia de Conducta de la UB. Participa en la elaboración de algunas tesis relacionadas con la aplicación de dichas técnicas a grandes obesos y al miedo de hablar en público. Publica varios artículos sobre trastornos de alimentación en revistas de psicología: Ansiedad y obesidad, Bulimia, una enfermedad de hoy. Durante toda su vida procura dar espacio a sus dos grandes pasiones: baile y literatura. Se forma en las disciplinas de jazz, danza española y ballet clásico en la Escuela de Danza Coco Comin. Aunque su afición por la escritura se remite a la adolescencia, es a partir del 2008 cuando empieza a dedicarse plenamente a ella. Tras estudiar diversos cursos de narrativa, cuento y novela en el Ateneu Barcelonès, escribe su primer relato, "Rodando por los jardines", con el que obtiene el segundo premio de “Relatos de Mujeres 2012”. Con su segundo cuento, "El viaje" (editorial Círculo Rojo, 2014), gana el primer premio “Palabra sobre palabra” y su libro de cuentos "Esa vida que pesa" es galardonado con el primer premio del XXXV certamen literario Carta Puebla 2013. Sus primeras obras son cuentos adscritos al género de narrativa de ficción contemporánea. De un realismo muy intimista, sus historias hablan sobre personajes que luchan por amar, avanzar y sobrellevar sus destinos. Actualmente, está trabajando en su primera novela.
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