RODANDO POR LOS JARDINES. Capítulo I. Dos coronillas rubias en los asientos de delante

FOTO Capitulo 1

Oigo la voz timbrada de mi madre que está en la fila de delante. Parece que los vecinos de avión la escuchen porque hablan en susurros y su charla se eleva por encima de las demás. Pero lo cierto es que nadie la escucha. Ni siquiera Mónica, mi hija mayor, que está a su lado y mueve la cabeza de vez en cuando. No la atiende, lo sé. La conozco bien. Sólo se deja acunar por ese sonido de fondo, por esa cantinela sin fluctuaciones que no debe despertarle el menor interés. Mi madre enumera por sexta vez las prendas que ha puesto en la maleta: tres pantalones negros porque combinan con todo, cuatro jerséis finos para ponerse capas si hace frío, varias camisetas y dos pares de zapatos aparte de los puestos. Ya se sabe, dice que en Londres llueve mucho y la mejor forma de pillar un constipado es mojarse los pies. Mónica asiente, seguro que distraída. Veo su coronilla que sobresale, junto a la de mi madre, cuatro dedos sobre su asiento. Mira hacia el auxiliar de vuelo que está haciendo la demostración de los chalecos salvavidas. Antes, al subir por la escalerilla, comentó que estaba como un queso. Él la mira también. Mi madre prosigue. Aparte de las pulseras de siempre ha incluido cuatro collares que se pondrá por las noches.

– Un collar bien colocado realza cualquier conjunto -comenta.
Mónica suelta una risita que suena a postiza. Tiene la gran habilidad de intuir los momentos precisos  en que debe reír. Su risa debe de haber emocionado a mi madre, porque la atrae hacia sí y le dice que es un sol. Luego explica que se ha decidido por coger la gabardina forrada de lince porque es una sobre prenda muy cómoda, que fue un gran acierto comprarla, ya que abriga mucho y pesa sorprendentemente poco.

La veo contenta. Me alegro de haber decidido llevarla conmigo. Desde que hace unos años mi hermano perdió a su hijo en un accidente marítimo no es la misma. Intenta simular que ha echado tierra sobre aquel horror, pero yo no la creo, aunque lo hace bien. En realidad la idea de traerla no fue mía, si no de mi padre. Cuando supo que pensaba viajar a Londres para visitar a Inés, mi hija menor, propuso que me acompañara mi madre, él corría con los gastos. Ella se lo pasaría bien y él necesitaba unas vacaciones de tanta verborrea.
– ¿Por qué no os vais más tiempo? -preguntó al enterarse de que la salida duraría solo cuatro días.
Se hace el duro pero sospecho que la echará de menos. Ella también descansará de las visitas a médicos, de las comidas sin sal, de los almuerzos a las dos y cenas a las ocho y media, de prepararle las zapatillas, de las charlas con la interina y las tardes de televisión.  Luego se apuntó Mónica. Me hace ilusión la idea de compartir unos días con ellas de una forma tan estrecha. Creo que a ellas también. Aunque me cueste hacerme a la idea de lidiar con dos hijas y una madre. Ciertamente no es exactamente el viaje que había ideado. Hubiera preferido ir sola y pasar unos días en la residencia de Inés aunque hubiera tenido que dormir en una cama plegable. Me hubiera gustado comprobar  cómo vive, conocer a sus amigos y hacerme con sus espacios.

Inés está estudiando en Londres. En los últimos mails la he sentido muy alterada. Manda mensajes cortos, evade respuestas y escribe frases desbaratadas. Cuando se despide llena líneas enteras con la palabra besos. Cuenta que es muy feliz, que está muy enamorada, que tiene un novio chipriota que ha sufrido mucho en la vida y que la adora. ¿Qué debe saber ella, a los dieciocho años, de amor y de sufrimientos? También cuenta que es muy trabajador.
– ¿En qué trabaja? -pregunté por correo.
Así supe que era pincha discos. No quiso enviarme ninguna fotografía, decía que al chipriota no le gustaba retratarse. Mónica encontró varias imágenes que corrían por el facebook y me las enseñó. Entendí, entonces, porqué Inés no me lo había querido mostrar.  Parecía un  guerrillero. Llevaba “piercings” en las orejas, en la aleta de la nariz y en el labio superior, y el tatuaje de una sirena invadía su antebrazo. No me gusta lo del trabajo en discotecas. Me suena a vida perdida y a drogas. Creo que este chico no le conviene a Inés. Si no ¿por qué tanto misterio? Creo que a su edad es todavía muy joven para pasar un año sin control familiar. La decisión de enviarla a Londres no fue mía, sino de mi ex marido, que no vive el día a día de sus hijas y no sufre las consecuencias de sus decisiones. Intenté convencerme de que era una buena oportunidad para Inés. Ahora no lo tengo tan claro. Desde que me separé perdí el derecho a decidir. Me falta solvencia para ello.

El aire de la cabina es denso. Noto el codo de mi vecino clavado en mi costado. Es un hombre grueso que atufa a ropa usada. Es lo malo de viajar en compañías baratas. Los asientos son justos. Tengo cierta sensación de ganado.

Miro de nuevo sus coronillas, ambas mechadas en un rubio ceniza que se parece mucho. El chico de facturación, mientras tramitaba nuestra tarjeta de embarque, nos miró una a una y preguntó si éramos parientes.
– Sí, sí  -respondimos al unísono.
– No me lo juren, son calcadas -dijo con admiración. Luego, con aire de pesar, nos confesó que tenía un hijo que parecía un hijo de nadie. No se asemejaba ni a su mujer ni a él.
Reímos la ocurrencia.
– Eso pasa en las mejores familias -puntualizó mi madre-. Nosotros también tenemos una disidente. La nieta a la que vamos a ver sólo se parece a su padre.
Comentamos el azul de nuestros ojos, la curva alargada de nuestro óvalo y la rectitud de nuestras narices.
– Tiene razón el hombre -dice mi madre- un sello familiar nos delata.
Comenta que es bonito eso de pertenecer a algo, de descender y crear descendencia. Mi madre siempre se ha sentido de una forma nada imparcial muy orgullosa de lo suyo.  Alguna vez me molestó esa devoción sin condiciones, esa falta de sentido crítico que impide superarse.

La cabeza de Mónica cuelga hacia un lado. Sospecho que se hace la dormida. Oigo  el sonido de fondo que crea la charla de mi madre. Me crispa. Dice que tiene las nietas más preciosas del mundo. ¿Por qué habla tanto? Parece que le asusten los silencios. A lo mejor es su forma de manifestar que aún existe.
– El abuelo me ha dado una visa oro para que os compre lo que os apetezca -Ya no utiliza el sonsonete monótono. Es el tono que se emplea para hablar de proyectos importantes y que sabe siempre despierta interés.
Mi hija levanta la cabeza. Imagino el impacto que ha tenido semejante revelación. Dice al vuelo que lleva intención de comprarse un abrigo de pelos.
– ¿De pelos? -pregunta mi madre.
– Sí, de pelos -responde ella.

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Acerca de Aurora Villalba

Nacida en Barcelona en 1961, es licenciada en Psicología Clínica por la Universidad de Barcelona. Se especializa en la aplicación de técnicas cognitivo-conductuales en la Unidad de Terapia de Conducta de la UB. Participa en la elaboración de algunas tesis relacionadas con la aplicación de dichas técnicas a grandes obesos y al miedo de hablar en público. Publica varios artículos sobre trastornos de alimentación en revistas de psicología: Ansiedad y obesidad, Bulimia, una enfermedad de hoy. Durante toda su vida procura dar espacio a sus dos grandes pasiones: baile y literatura. Se forma en las disciplinas de jazz, danza española y ballet clásico en la Escuela de Danza Coco Comin. Aunque su afición por la escritura se remite a la adolescencia, es a partir del 2008 cuando empieza a dedicarse plenamente a ella. Tras estudiar diversos cursos de narrativa, cuento y novela en el Ateneu Barcelonès, escribe su primer relato, "Rodando por los jardines", con el que obtiene el segundo premio de “Relatos de Mujeres 2012”. Con su segundo cuento, "El viaje" (editorial Círculo Rojo, 2014), gana el primer premio “Palabra sobre palabra” y su libro de cuentos "Esa vida que pesa" es galardonado con el primer premio del XXXV certamen literario Carta Puebla 2013. Sus primeras obras son cuentos adscritos al género de narrativa de ficción contemporánea. De un realismo muy intimista, sus historias hablan sobre personajes que luchan por amar, avanzar y sobrellevar sus destinos. Actualmente, está trabajando en su primera novela.
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